50 aniversario de ‘The Doors’

Foto promocional del primer álbum de la banda californiana

Foto promocional del primer álbum de la banda californiana

Alguna que otra vez me he entretenido fantaseando con la absurda idea de que el rock and roll dispusiera de alguna especie de objeto mefistofélico de propiedades similares al retrato de Dorian Gray y, de este modo, los efectos de todos sus -no pocos- excesos y el deterioro inherente al inevitable paso del tiempo fueran absorbidos por él. En plan, un mural tipo la portada del Sgt. Pepper´s o algún graffitti con poderes fáusticos oculto en los sótanos de algún antro perdido. Porque, ¿envejecer no va en contra de la propia naturaleza de un género que nació como producto del conflicto generacional de los años 50 y 60 entre jóvenes y adultos, y que desde entonces ha sido el símbolo de la juventud rebelde y contestataria de la civilización occidental?

Pero el tiempo no se detiene ante nada, y a principios de este año tuvo lugar una de esas efemérides que reafirman categóricamente la validez de ese gran tópico con el 50 aniversario -¡medio siglo ya!- de la publicación de ‘The Doors’, primer y emblemático álbum de la célebre banda homónima, la cual, por cierto, de alguna manera le ha ido ganando ese pulso al paso del tiempo manteniendo su vigencia con admirable dignidad. Probablemente, en ello haya tenido mucho que ver la prematura muerte del que puede ser considerado uno de los cadáveres más hermosos de la cultura popular del siglo pasado.

Portada original de ‘The Doors’

Porque, a pesar de haberse separado a principios de los años 70, poco después de la muerte de Jim Morrison y tras un par de álbumes fallidos, The Doors han pervivido a lo largo de las décadas gracias a haberse hecho merecedores a un lugar de privilegio en el selecto grupo de las bandas de culto, aunque en su caso de alcance masivo. También ha podido influir en ello una apreciable habilidad para adaptarse a la marea del negocio musical con una inteligente gestión de su legado musical, no siempre exenta de polémica, pero sí tremendamente eficaz a la hora de consolidar su leyenda.

Sea como fuere, este año se cumple ese 50 aniversario de la publicación del disco y ello ha dado lugar a bastantes noticias. En primer lugar, el ayuntamiento de Los Angeles, California, designó el 4 de enero, día de la publicación del álbum, como Día de The Doors, todo un reconocimiento por parte de la ciudad que vio nacer a la banda y de la cual ha sido siempre representativa. Efectivamente, ese día el batería John Densmore y el guitarrista Robby Krieger, los dos únicos miembros vivos del grupo, asistieron a un evento en Venice, donde la banda se formó a mediados de los años 60, en el que se le celebró la proclamación de su día. Por otro lado, su sello actual editó a finales del año pasado una pequeña joya de coleccionista, The Doors: London Fog 1966, un disco en directo que recoge una actuación en el primer club que les acogió como grupo residente en el mítico Sunset Boulevard, antes de dar el salto al Whisky a Go Go y comenzar su meteórica carrera hacia el estrellato. Por último, como no podía ser menos, la banda ha anunciado una reedición de lujo de su álbum de debut para conmemorar el aniversario, que incluye, entre otras sorpresas, un vinilo con la mezcla original en mono. Su lanzamiento está previsto para el día 31 de este mes.

John Densmore y Robby Krieger en la celebración del día de The Doors

¿Qué significó en su momento y qué significa aún uno de los considerados grandes clásicos del rock and rollThe Doors se grabó a finales del 66, el año de la gran explosión de la música pop , según la crítica especializada, y el disco, inevitablemente, forma parte de ese boom. Dejando de lado el irresistible carisma de Morrison, factor imposible de soslayar, su contribución a la onda expansiva del movimiento probablemente tiene que ver con lo que la banda californiana aportó de original y novedoso.

En ese sentido, en lo musical el rasgo más característico del disco es ese melting pot estílistico tan propio de la cultura americana, en el que cualquier elemento es potencialmente utilizable sin ningún tipo de prejucios. Hay rhythm´n´blues clásico en la onda de Ray Charles, blues de Chicago, jazz, bossanova, pop, ragas indias, etc. Todo mezclado de forma absolutamente ecléctica, como quizás solo se puede hacer en una ciudad como Los Angeles, que es un crisol de culturas de muy diversa procedencia. “Le robábamos a todo el mundo”, reconocía poco antes de morir el teclista Ray Manzarek. En la línea de bajo del solo de ‘Light my fire’ está el ‘My favourite things’ de John Coltrane, el ritmo de ‘Break on through (to the other side)’ es un latin beat, la guitarra de ‘The end’ emula los sitares de Ravi Shankar, etc.

Pero es quizá en la parte lírica donde se encuentra quizá el peso específico del álbum, habida cuenta de que la música de The Doors es, básicamente, un vehículo para dar rienda suelta a la vibrante imaginería psicodélica y simbolista de las letras de Morrison, cuyo primer amor declarado era la poesía y que se consideraba así mismo poeta antes que cantante. Disimuladas y camufladas en el envoltorio de esas eclécticas canciones pop se encontraban unas letras que exploran de manera inconformista y nada complaciente el lado más oscuro de los anhelos y miedos de la psique humana, influenciadas por la filosofía de Nietzsche y la poesía de Rimbaud y William Blake, así como por la literatura beat en general. En ellas el amor no es aquel fraternal y puro de los hippies que proliferaban en torno a la bahía de San Francisco. En las letras de Morrison, va acompañado indisolublemente de la muerte o del dolor, en un viaje iniciático a ese lugar del fin de la noche donde uno podría encontrarse a los locos hambrientos del poema ‘Aullido’ de Allen Ginsberg, por ejemplo. De modo análogo a lo que había ocurrido unos años antes con Bob Dylan, en su actitud hay algo diferente y peligroso, una audacia artística que va muy en serio y que por supuesto trasciende los planteamientos de la música pop al uso como entretenimiento fácil para teenagers. Dylan marcó el camino y lanzó la primera advertencia seria atreviéndose a decir lo que estaba latente en el inconsciente colectivo de su generación: el status quo que mantiene un sistema injusto y opresor tiene los días contados. El molde de la vieja sociedad clasista, sexista e hipócrita mostraba grietas por todas partes y pronto comenzaría a resquebrajarse. Morrison planteaba lo mismo desde otros presupuestos, los de un hedonismo desafiante contra toda autoridad que reprimiese la libertad individual, ya sea exterior o interiormente.

Yendo al meollo del álbum, que son las canciones, ‘Break on through’, primer single y el tema que abre el álbum, es toda una declaración de principios en este sentido: liberación absoluta de las cadenas que impiden la realización personal. Es sabido que Morrison declaró que sus padres estaban muertos, en el formulario que Elektra -su discográfica- pasaba a los grupos para recoger la información básica de cara a la prensa, y posteriormente no quiso volver a tener contacto con ellos: ruptura total con el pasado, reseteado y construcción de una identidad nueva no sujeta a ningún tipo de restricción o convención social. Pero donde de verdad los Doors exploran a fondo este tema es en ‘The end’, pieza épica de más de 11 minutos de duración que contiene la célebre parte edípica en la que Morrison se enfrenta a los más sagrados tabús morales de la cultura humana: el parricidio y el incesto. La liberación del miedo y la represión llega tras ser pronunciadas las palabras más prohibidas que describen los actos más aberrantes: “Padre, quiero matarte / Madre, quiero…”. La invocación dramática de estos mantras funcionaba solo en el plano simbólico de la representación, pero formaba parte del ritual iniciático necesario para el nacimiento de un nuevo yo, individual y colectivo, y, por supuesto, escandalizó a propios y extraños. Morrison llevaba al plano artístico la represión del inconsciente formulada por Freud, y utilizaba su propio lenguaje metafórico para romper los diques de contención. Todo ello desarrollado a través de un misterioso e hipnótico raga que va subiendo en intensidad hasta alcanzar un clímax cacofónico en el que finalmente toda la tensión del conflicto se resuelve y el nuevo Edipo parece salir triunfante, despidiéndose definitivamente del viejo ego y dispuesto a afrontar su nueva realidad.

Pero en ‘The Doors’ hay mucho más, y ahí está ‘Light my fire’, el single que les aupó vertiginosamente a la fama permitiéndoles colarle su mensaje subversivo a buena parte de la juventud americana. Amor y muerte, nuevamente, y el famoso ‘chica, no podemos colocarnos más’, las palabras malditas que les llevaron a ser vetados en el famoso programa de televisión de Ed Sullivan (ver vídeo abajo) tras su explosiva actuación en la que infringieron la prohibición de no pronunciarlas en prime time. Por lo demás, el disco es una buena colección de temas pop con mucho groove, como ‘Soul kitchen’; de buen pop sesentero a secas –’21th century fox’, ‘I looked at you’, ‘Take it as it comes’-; de baladas de oscuro lirismo –‘Crystal ship’, ‘End of the night’-; de blues de Chicago –‘Back door man’-; y alguna deliciosa extravagancia, como ‘Alabama song’, el tema que rescataron de la ópera ‘Ascenso y caída de la ciudad de Mahagony’, creada por Bertold Brecht y Kurt Weill en el periodo de entreguerras.

Recapitulando, pues, visto desde el presente, cincuenta años después, en el álbum de debut de los californianos se encuentran ya maduros gran parte de todos los elementos característicos que les hacen reconocibles y les definen, y que posteriormente desarrollarían hasta su agotamiento a lo largo de su desgraciadamente corta trayectoria, bien en el resto de su discografía bien en sus actuaciones en directo y que, como decíamos, les han mantenido vigentes como banda de culto generación tras generación: rebeldía, subversión, inconformismo, hedonismo. Valores seminales del rock, que deberían ser preservados, ya que son sus auténticas señas de identidad, y de los cuales los Doors -y ‘The Doors, en particular- siguen siendo una referencia.

[Si quieres disfrutar de ‘The Doors’ o del resto de la discografía de The Doors consulta su disponibilidad en el catálogo de las Bibliotecas Municipales]

 

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