El último ladrillo en El Muro

Roger-Waters-The-Wall-Film-2015

Un gran evento va a tener lugar en este recién entrado otoño de 2015. Está a punto de representarse el que será, con toda probabilidad, el último acto de una de las obras más importantes de la historia del rock: el estreno mundial de ‘Roger Waters The Wall’, la película documental sobre la gira que el antiguo miembro y ex-líder de Pink Floyd realizó durante tres años, de 2010 a 2013, con la nueva puesta en escena de su espectáculo de ‘The Wall’ (‘El muro’) a lo largo y ancho de cuatro continentes.

La trascendencia del acontecimiento se percibe, por un lado, tanto en la magnitud de la potente campaña de marketing que ha ido calentando el ambiente desde el otoño pasado, con la premiere en el Festival Internacional de Cine de Toronto y, ya este año, desde antes del verano con el anuncio del estreno y demás goteo de información -incluidos el impresionante trailer oficial de la peli (ver abajo) y otros clips (ver más abajo)-, como, por otro, en la escala del estreno en sí, ya que se va a celebrar el 29 de septiembre de forma simultánea en 2000 salas de cine de todo el mundo. A todo ello, además, hay que sumarle el extra de una entrevista exclusiva en la que el propio Waters y Nick Mason, batería de PF, responderán a una serie de preguntas previamente enviadas por los fans.

De todos modos, más allá de los fastos del estreno y del valor intrínseco del documental como tal, lo relevante es que se trata prácticamente del epílogo a la carrera de uno de los grandes pesos pesados de la historia del rock. A pesar de que Waters ha anunciado que está trabajando en un último nuevo proyecto -otro disco conceptual, por utilizar esa terminología obsoleta tan asociada a la discografía de PF, sobre la relación de un abuelo y su nieto que se preguntan cómo alguien es capaz de matar niños-, lo cierto es que difícilmente logrará el alcance y la repercusión que sí ha conseguido con esta reedición de su obra magna. Lo que, a propósito, ha supuesto para él una suerte de redención tras varios lustros de amarga travesía por el desierto en su carrera en solitario, después de abandonar PF allá por mediados de los años 80, con la cual nunca llegó a obtener un reconocimiento a la altura de su prestigio anterior.

El documental recoge imágenes del espectáculo en sí, totalmente renovado en el aspecto visual, grabadas en tres ciudades diferentes, intercaladas con las del viaje que Waters emprende desde el Reino Unido a Italia tras las huellas de su padre, muerto en la batalla de Anzio en la IIGM y uno de los principales leitmotifs de la obra. La narrativa original de TW giraba en torno al personaje de Pink, una estrella de rock alienada -trasunto tanto del propio Waters como de Syd Barrett, miembro fundador del grupo y pionero de la psicodelia, al que apartaron poco después de la publicación del primer disco por presentar una conducta errática con síntomas evidentes de una esquizofrenia no diagnosticada- quien encerrado en su habitación de hotel entra en un proceso de enajenación mental que desemboca en un delirio paranoide.

Durante el mismo, sucesivos flashbacks van revelando el porqué de su estado: diferentes episodios traumáticos en su vida (la muerte de su padre en la guerra, una madre sobreprotectora, la represión del sistema educativo, la separación de su mujer, las presiones del show business, etc.) han ido llevándole a un aislamiento progresivo cuyo resultado final es la creación de una identidad imaginaria represiva y totalitaria. Cada una de esas experiencias dolorosas es un ladrillo más en un muro también imaginario, el de su incomunicación, aunque real en sus consecuencias, que al mismo tiempo que le protege también le separa de los demás. En la nueva versión, sin embargo, Pink pasa a un segundo plano y el relato se centra en los aspectos más políticos y universales de la historia, en poner de manifiesto nuestro potencial como seres humanos para cooperar superando todas aquellas barreras que pretenden dividirnos y separarnos, como le gusta hacer hincapié a Waters.

Lo común a ambas versiones, no obstante, es esa simple pero al mismo tiempo tremendamente efectiva metáfora sobre la incomunicación: el miedo puede llevarnos a caer en una sobreprotección extrema que anule nuestra capacidad espontánea de sentir empatía por los demás, por el “otro”. ‘El infierno son los otros’, decía Sartre. De ahí a las actitudes y comportamientos hostiles hacia lo diferente solo hay un paso.

Como se sabe, el germen de la idea de TW surgió en la gira de Animals, el disco inmediatamente anterior de PF, donde se produjo la famosa anécdota que le dio origen: en el último concierto en el Estadio Olímpico de Montreal, un Waters en estado de desafección y alienación crecientes por la escala cada vez más deshumanizada de los conciertos en estadios -por culpa de la codicia corporativa de las multinacionales discográficas, preocupadas únicamente por ganar más y más dinero con giras cada vez más megalómanas-, escupió a un fan borracho que trataba de llegar hasta el escenario. Más tarde, ya en el hotel y aún conmocionado por su comportamiento, se le ocurrió la idea de construir un muro entre el público y la banda como barrera de protección. Esa idea tan básica se convirtió posteriormente en disco, película y concierto. Y, efectivamente, Waters tuvo su muro: en las representaciones en directo una serie de operarios se encargan de construir un muro físico entre el público y la banda, que a la mitad del concierto queda totalmente tapada detrás de una gigantesca pared de ladrillos blancos sobre la que, en la nueva puesta en escena, se proyectan las antiguas animaciones de Gerald Scarfe y los espectaculares nuevos efectos visuales.

the wall

RW sobre el fondo del ejército de martillos opresores marchando

Ahora, casi cuarenta años después, el proceso creativo que desencadenó ese suceso aparentemente trivial toca a su fin. RW pone el punto final a su obra más lograda y ambiciosa, una difícilmente repetible combinación de rock, teatro, performance y espectáculo multimedia, y sin duda el máximo exponente de su abrumador legado artístico. El día 29 asistiremos por última vez al ritual catártico de levantar y derruir el muro de nuestra incomunicación. En la web del evento se pueden consultar las salas más cercanas donde se estrena la película y reservar las entradas.

Por cierto, en cuanto a la vigencia de su mensaje, parece totalmente innecesario recalcarla a la vista de los acontecimientos recientes relativos a fronteras y barreras humanas, ¿no?

[Y recuerda que puedes disfrutar de la discografía de PF y RW en las Bibliotecas Municipales. Consulta su disponibilidad en nuestro catálogo]

 

O Space Rock, relación entre astronomía e música

Baixo o título “#ÉoCosmos!”, a Biblioteca Municipal Forum Metropolitano organiza ata o 15 xullo unha mostra cunha selección dos mellores materiais relacionados coa Astronomía, incluíndo as mellores novelas e películas de ciencia ficción.

Guía da Mostra de Astronomía

Unha ocasión única para falar da conexión entre a Música e a Astronomía, e máis en concreto, dun xénero musical propio, o Space Rock.

O Space Rock (ou Rock Espacial) xorde durante a década dos anos 1960 como unha corrente do rock psicodélico e a música progresiva. Caracterízase polas súas longas pasaxes instrumentais de tempo lento nos que predominan os sintetizadores, as guitarras envoltas en efectos atmosféricos e letras relacionadas coa ciencia ficción.

Un dos primeiros pasos no desenvolvemento desta corrente deuno a banda británica Pink Floyd nos seus primeiros discos, The Piper at the Gates of Dawn e A Saucerful Of Secrets. Dúas cancións de Syd Barrett, “Interstellar Overdrive” e “Astronomy Domine“, constitúen a primeira mostra do xénero.

Interstellar Overdrive” foi unha das primeiras improvisacións psicodélicas en ser gravadas por algunha banda de rock. Foi vista como a primeira intención de Pink Floyd de entrar no space rock aínda que os membros da banda desacreditaron este termo.

Astronomy Domine (An Astral Chant)” (Señor dos astros (un canto astral)) incluíuse tamén en P·U·L·S·E, disco dobre en vivo e recompilatorio publicado en 1995. A inspiración do tema foi asumida por algúns como unha das ideas de Barrett con referencia ás súas primeiras experiencias con LSD, mesturándose co seu interese pola astronomía.

Outro dos grupos pioneiros deste son é a banda Gong. O seu membro fundador, Allen desenvolveu unha cosmogonía que partía da “teteira celestial”, unha analogía creada por Bertrand Russell nas súas polémicas sobre a existencia de Deus. En sucesivos discos, con moito humor, Allen foi narrando as aventuras de Zero The Hero e o seu achegamento ao Planeta Gong, mediante episodios de drogas e sexo.

 

Por outro lado, en canto a historias, unha das cancións máis coñecidas con letra espacial é “Space Oddity“, a obra cume do músico británico David Bowie. Editada como sinxelo en 1969, narra o lanzamento ao espazo do Major Tom. Na odisea do astronauta, Bowie canta a sensación desoladora e alucinante de flotar no espazo dentro dunha ínfima caixiña de lata desconectado de toda comunicación coa terra. Supostamente lanzada para coincidir coa aterraxe na lúa do Apolo 11, aparece no álbum Space Oddity. A canción foi utilizada pola BBC na súa cobertura da aluaxe.

A canción nárranos como este astronauta inicia a súa viaxe ao espazo desde a conta atrás ata que alcanza o cosmos. Neste lugar, o Major Tom deixa o mundo material para iniciar a súa propia viaxe ás estrelas, non sen antes despedirse dos seus seres queridos. Nalgún momento desta viaxe, o Major Tom perde o contacto coa terra, quedando atrapado na súa nave espacial.

Este mesmo personaxe é utilizado polo mesmo David Bowie noutras das súas cancións, como Ashes to Ashes, e Acho Spaceboy, así como tamén Elton John na súa canción Rocket Man. Posteriormente Peter Schilling continuaría a historia coa súa canción Major Tom (Coming Home), así tamén Kirby Ian Andersen e o grupo de rock canadense The Tea Party.

Dise que David Bowie inspirouse na película de Stanley Kubrick, 2001 A Space Odyssey e a propia euforia espacial que se vivía a finais da década dos anos 1960.

A partir da década dos anos noventa volven aparecer bandas influenciadas por este xénero como Muse, Radiohead, 30 Seconds to Mars, The Mars VoltaThe_Flaming_Lips ou M83.

No caso concreto de The_Flaming_Lips, as letras de Coyne, en particular, referencian e encarnan a fascinación cos xéneros de ciencia ficción e space opera que foron populares durante a época dourada da subcultura psicodélica. O seu estilo lírico tende a utilizar as imaxes e as convencións argumentais da space opera para enmarcar temas máis abstractos acerca dos ciclos nos que se desenvolve o amor romántico, destacando a súa vulnerabilidade mentres que profunda as súas implicacións metafísicas.

2009 Flaming Lips – Watching The Planets from George Salisbury on Vimeo.

Outro exemplo é M83, un grupo de música electrónica fundado en 2001 por Anthony González e Nicolás Fromageau (2001/2004), ambos os procedentes de Antibes, Francia . O nome da banda está inspirado na Galaxia Espiral Messier 83.

M83 | Midnight City from DIVISION on Vimeo.

Estes son algúns dos grupos musicais que recomendamos e que podedes atopar nas Bibliotecas Municipais da Coruña.